Escribe psicóloga Natalia Heredia para semanariolaprensa.com
Cuando pensamos en las relaciones sexuales, la idea más inmediata se encuentra ligada a un “acto genital”. Como seres sexuados, las personas tenemos manifestaciones sexuales todo el tiempo. La sexualidad está en lo que hacemos, en lo que decimos, sentimos y pensamos; por lo tanto, siempre estamos teniendo relaciones “sexuales”. La amistad, la conversación, los abrazos, el canto, las caricias, la ternura, los gestos, son algunas de sus manifestaciones. Las relaciones sexuales hacen a la convivencia que tenemos con el mundo y los/as otros/as.
La diferencia está en la práctica, cuando se hace uso de la genitalidad y todo lo asociado a ella. El coito (pene-vagina), el sexo ano-rectal, la felación o fellatio (boca-pene), cunnilingus (boca-vulva), y anilingus (boca- ano) son algunas de las manifestaciones de las relaciones genitales.
Tenemos un cuerpo sumamente sensible, el placer no sólo se centra en los genitales sino que pueden ser erotizadas, es decir, cargadas de erotismo, otras partes, como ser el cuello, las orejas, las rodillas, el ombligo, los pies, etc. En nuestra sociedad existe un discurso hetero-normativo, a través del cual se busca controlar y establecer cuales son las prácticas aceptables, “normales” y todo lo que se desajuste se tiende a considerar patológico, o “perverso”.
El mandato que este discurso difunde es que lo “normal” es ser heterosexual, por lo tanto, el gusto por las personas del sexo opuesto, practicar únicamente el coito (vagina-pene), etc. Pero nuestro cuerpo, y nuestra sexualidad existen previo a los mandatos sociales actuales, por lo tanto si no se revela y disfruta, se anula y se frustra.
Si bien existen zonas que por tener muchas terminaciones nerviosas son altamente sensibles y excitables, en la medida en que se estimulen otras partes, éstas también se vuelven zonas erógenas. Es frecuente que muchas personas disfruten al máximo de la estimulación, no necesariamente de las partes del cuerpo conocidas tradicionalmente con ese fin (vulva, pene, ano, senos), y lo hagan con otras, como el pie por ejemplo.
Un buen ejercicio para realizar en pareja es disponerse a tocar todo el cuerpo del/de la otro/a. Se trata de ubicarse en un lugar con una temperatura agradable, sin sonidos, o música relajante, buen aroma, y desnudos/as, y permitirse explorar el cuerpo de la pareja, los recovecos, aquellos lugares inexplorados y desconocidos, a veces incluso por su propio/a “dueño/a”.
La sensación generada tanto para el/la que explora, como para quien recibe las caricias es indescriptible. Este ejercicio, enriquece tanto al entendimiento en la pareja, como la sexualidad de cada uno/a y el uno/a que se forma entre ambos/as. Esta práctica (o juego) es una relación sexual donde lo genital no tiene porqué estar presente, y es, además de beneficiosa, sumamente placentera.
Lic. Natalia Heredia Fumero. Psicóloga. Terapeuta Floral. Contacto: 099 289 804/ [email protected]





