«No somos terroristas, ni narcotraficantes, ni vendemos drogas. Consumimos marihuana con fines terapéuticos» aseguró el matrimonio a semanario La Prensa.
Llegamos en la tarde del domingo al balneario Bella Vista con el fin de ubicar y entrevistar a un matrimonio que días pasados protagonizó un hecho policial por violencia doméstica, que derivó posteriormente en la incautación de 29 plantas de marihuana.
Después de tomarle la declaración correspondiente, la Justicia no encontró elementos que ameritaran un procesamiento, ni tampoco motivos para retenerles las plantas, las que fueron devueltas integramente a sus propietarios.
Después de hacer sonar el timbre y bajo el ensordecedor ladrido (a coro) de unos al menos 6 perros, una mujer abre la puerta y se acerca al portón: Nos presentamos, y después de una charla primaria, entró a su casa para comunicar nuestra presencia al esposo. Nos hicieron pasar pues tenían algo para contarnos y aseguran «nada que ocultar»
En primer lugar afirmaron que la Justicia les devolvió la libertad porque no son «delincuentes, ni vendedores de drogas, menos narcotraficantes» . Respecto a la devolución de las plantas, explicaron que la Justicia se las devolvió porque las tienen para uso terapéutico. El sufre una enfermedad que prefirieron no develar, además de estados depresivos y ella, también con problemas sicológicos y afectada de tiroides, nos enseñó una extensa cicatriz en la rodilla secuela de una importante intervención quirúrgica.
Si bien ambos se declararon consumidores de marihuana, aseguraron que de las plantas aun no han extraído un solo gramo, pues no conocen con certeza cuales son buenas y cuales malas, además que faltarían unos tres meses para que florezcan, dijeron. También afirmaron que Policía Técnica determinó que se trataba de 13 plantas aptas para el consumo y no 29 como se había mencionado en un principio.
La mujer, de 55 años de edad, comenta que las plantas no fueron compradas, sino germinadas por ella misma: «Cuando consumo, tomo las semillas que quedan y las pongo a germinar… así fueron creciendo las plantas» apuntó. Reconoce que consume marihuana desde los 16 años, cuando se radicó en la ciudad de Montreal, Canadá.
Consultada sobre donde obtienen la marihuana que consumen, manifestó que la adquieran por fuera, comentando que en una oportunidad, no hace mucho tiempo, dieron un dinero adelantado, pero el vendedor nunca mas apareció.
El incidente doméstico
De común acuerdo, el matrimonio prefirió no ahondar sobre el suceso al que consideran privado, ya que sucedió de las puertas de su casa hacia adentro, en la intimidad de su hogar. Sin embargo, algo narraron, reconociendo que estaban en una acalorada discusión, los dos bajo efectos del alcohol, cuando el esposo enciende un cenicero y la mujer lo intenta llevar hacia afuera, quemándose la mano. «Me empezó a doler, me enojé y llame al 911» dice ella, considerando que fue víctima de una agresión. Posteriormente la mujer retiró la denuncia contra su esposo, asegurando el cónyuge no ser un hombre golpeador ni abusador; sino que solo se trató de una riña ocasional.
Acá se aclara una versión que la teníamos distinta. Una vez la presencia policial en el domicilio, es el esposo, molesto con la denuncia, quien advierte sobre las plantas de cannabis a la policía, propiedad de su señora esposa. El también tiene sus plantas, algunas medicinales, pero no precisamente cannabis, sino tomillo, apio, olivos, entre otras variedades.
Nefasta experiencia durante su detención
«Molestos, no con los funcionarios, sino con el alojamiento policial»
Si bien la mujer agradeció el trato y la consideración recibida de parte de los funcionarios de la Seccional 5ª de Brio. Solís, criticó el hecho de haberla mantenido incomunicada durante 24 hs., sin poder hacer siquiera una llamada y sin comer. En la celda no había nada para dormir, después una funcionaria me trajo una silla, cuenta la señora, agregando que después de varias horas sin probar bocado y con los únicos $ 100 que tenía encima, aprovechó la gentileza de alguien que salía en busca de una hamburguesa, para que le trajera una a ella también.
En la noche, los funcionarios compartieron con la detenida un plato de polenta con tuco. A esa altura ya había llegado el padre, desde Montevideo, acercándole acolchados, frazadas, cigarrillos y otros efectos, mientras esperaba el momento de ser conducida al Juzgado, hecho que se produjo casi 72 horas después de su ingreso a la Seccional.
La mujer manifestó que peor fue la experiencia de su esposo, a quien se lo condujo en calidad de detenido a la Seccional 3ª de Pan de Azúcar, permaneciendo también incomunicado durante 24 horas.
El esposo relata las condiciones infrahumanas del calabozo donde fue alojado: «Era muy pequeño, sin nada para dormir y con un asqueante olor a orina, tenía apenas una rejillita por donde incansablemente pedía un vaso de agua. El hombre cuenta que estuvo varias horas sin el vital elemento, y cuando pidió comida, un funcionario le dijo «lo que tengo es una galleta».
El esposo, de origen italiano, de 45 años de edad, vivió gran parte de su vida en Nueva York; hace 6 años está radicado con su esposa en Uruguay.
El hombre manifiesta que hace unos años tuvo problemas con algunos vecinos, quienes incluso le colocaron carteles xenófobos frente a su casa que expresaban «En Uruguay no queremos extranjeros». La molestia de los vecinos fue ocasionada por la tenencia de varios perros; animales todos recogidos de la calle. Es por eso que también el matrimonio se declara «protector de animales».
El matrimonio sostiene que fueron traumatizantes los momentos que les tocó vivir, mas cuando «no somos delincuentes ni narcotraficantes» Ahora estamos tratando de superarlo, aunque no es nada fácil, reconocieron.
Prefirieron no posar para las fotos, sin embargo, no tuvieron reparos en que le tomáramos fotos a las plantas de marihuana «están preciosas» dijo ella.
Semanario La Prensa – semanariolaprensa.com
Publicado lunes 3 de febrero 2014 – hora 01:55







