Natalia Heredia para semanariolaprensa.com.-
Frecuencia sexual en la pareja: ¿qué es lo normal?
La frecuencia sexual de la pareja es un motivo de consulta frecuente en los consultorios. ¿Cuánto es lo normal? ¿Dos, tres veces por semana? ¿Todos los días? A nivel general existe la tendencia a pensar que lo “mejor” es la frecuencia diaria. Pero ¿es lo mismo cantidad que calidad?
Es frecuente que las personas se pregunten acerca de la frecuencia sexual, tratando de equipararse a lo supuestamente esperado, y ajustarse de ese modo a lo “normal”. No hay patrones de normalidad a seguir en cuanto a la frecuencia sexual. Lo “normal” no existe en estos temas.
Se han hecho estudios acerca de la frecuencia sexual. Hay números estadísticos que indican con qué frecuencia las parejas mantienen relaciones sexuales (genitales) pero estas cifras no hablan de la particularidad de cada pareja, ni indican la calidad de los encuentros.
Si pensamos en dos veces por semana, quizás a algunas personas puede resultarle insuficiente, y quizás a otras un número aceptable. Esto ocurre porque todos/as podemos tener diferencias en cuanto al deseo, la disposición, y la accesibilidad. Lo que para algunos/as puede ser muy satisfactorio, para otros/as quizás no lo sea.
El problema puede aparecer cuando en la pareja hay diferentes criterios y necesidades, es decir que una de las dos personas quiere tener más (o menos) relaciones sexuales-genitales que la otra. La falta o exceso de encuentros sexuales preocupa y suele ser un motivo frecuente de peleas. Esto sucede en la vida cotidiana, en muchos dormitorios los reclamos se hacen presentes. Hay quienes reclaman mayor frecuencia y quienes quieren menor, o se sienten satisfechos con la que tienen.
Lo cierto es que no existe una cantidad correcta de encuentros sexuales necesarios para que una pareja funcione adecuadamente. Lo deseable es que si este problema se instala en la pareja, pueda plantearse y encontrar en conjunto los puntos en común entre ambos/as. Es imprescindible una comunicación abierta y honesta, y evaluar las razones por las cuales existe ese deseo, y pensar alternativas de satisfacción, fomentando en todo momento la intimidad emocional de la pareja independientemente del aspecto sexual.
Hay parejas que llevan una vida sexual (genital) muy activa pero su relacionamiento es muy negativo. Y hay otras parejas que quizás tengan encuentros (genitales) una vez al mes, pero con un vínculo estrecho y de mucha satisfacción.
Algunas parejas tiene relaciones sexuales (genitales) de forma esporádica sin que eso represente un problema para ellos/as. También otras pueden tener una frecuencia tan alta que se preocupen por no ajustarse a lo que sería lo “normal” en un matrimonio por ejemplo.
Lo cierto es que cada pareja, de acuerdo a los criterios de sus integrantes, establece sus patrones en cuanto a la frecuencia sexual.
En el deseo sexual actúan factores que son inhibidores y otros que son incitadores. Los estudios demuestran que la frecuencia sexual está condicionada por la edad y los años de matrimonio, pero también las realidades que atraviesan las personas y la pareja.
Al inicio las relaciones sexuales de dan de manera diaria (o casi). Luego hay una tendencia a la baja de manera progresiva. Estos datos son cifras generales que, como se dijo anteriormente, hablan de la frecuencia pero nada indican de la satisfacción en esos encuentros. Otros estudios demuestran que una cantidad importante de parejas, con el paso de los años si bien bajan la frecuencia sexual, aumentan la sensación de satisfacción en cada encuentro.
La frecuencia sexual implica un punto de encuentro en la pareja, que demuestra que se ha podido negociar y tomar decisiones contemplando el deseo de cada uno/a. En otros casos también puede implicar un punto de desencuentro, donde se intenta imponer el deseo de uno/a sobre otro/a, sin poder colocar este tema en un lugar de satisfacción mutua.
Es necesario correrse del número y poder hacer hincapié en la importancia que tienen los encuentros sexuales en términos de placer y satisfacción.
En la pareja la responsabilidad es compartida, y representa el esfuerzo por contemplar las demandas del otro/a en concordancia con los deseos de uno/a.
Lic. Natalia Heredia Fumero. Psicóloga. Terapeuta Floral. Contacto: [email protected]







